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Domingo Legua: “No me arrepiento de ser sacerdote; sé que acerté”

25/07/2016 ELDIA_LUNES_250716_ Nacionales18




El padre Domingo Legua tenía novia cuando decidió ordenarse como sacerdote.
Apenas tenía 19 años, pero un amigo lo convenció de tomar los “hábitos” y como tenía cara de “buena gente” le hizo caso.
“Aquel hombre me impresionó mucho porque no solo tenía cara de buena gente, sino que lo era”, comentó el sacerdote de 63 años, sin mencionar la identidad de su inspirador.
Su decisión no fue del todo fácil, porque aunque su madre lo tomó muy bien, su padre puso un poco de resistencia.
Confesó que en aquel momento sabía lo que no quería, pero no estaba seguro de lo que sí quería y por su mente pasaron muchas imágenes sobre su futuro, la familia y otros temas.
Sin embargo, tenía que tomar una decisión y asegura haber elegido bien, pues en los 42 años que lleva de servicio aún no se ha arrepentido. “No sólo no me arrepiento de dar ese paso, sino que doy gracias a Dios por haber acertado”, afirmó con convicción y satisfacción.
Asegura que para el la soledad no es un problema. Al contrario, en ocasiones la ha buscado. “Lo que las personas entienden por soledad a mí me proporciona unas horas para estar a solas con Dios”, indicó.
Sus primeros años
Cuando Legua le dijo que sí a la Iglesia católica fue enviado a estudiar a Salamanca y luego se ordenó como sacerdote en el año 1973.
Pero a él, la vida en una parroquia de España le parecía monótona y aburrida, así que tenía la idea de irse a África de misionero.
“Yo no sabía cómo canalizar esa inquietud y a los tres días de ordenarme se lo dije al obispo, pero en vez de mandarme a África me envió para un pueblecito minero”, recordó entre sonrisas.
Allí duró cuatro años, hasta que lo trasladaron a un pueblo más grande y luego a Zaragoza.
Su primera experiencia no fue lo planeado, pero fue determinante para el resto de su vida. Legua relató que en aquel pueblo obrero había bastante movimiento y también muchos jóvenes en la drogadicción.
“Aquello me impactó mucho y comencé a trabajar con ellos, incluso a algunos los llevé a vivir ami casa”, subrayó.
Llegada al país
Domingo Legua vino por primera vez al país en el verano de 1986, por insistencia de un amigo. Se trataba de unas vacaciones, pero le solicitaron oficiar una misa en Villas Agrícolas, y allí, en vez de un parroquia, encontró un callejón sin salida y a la intemperie.
“Yo que había dicho misas en iglesias romanas, góticas, renacentistas y barrocas, decir una misa en un callejón sin salida, a la intemperie, me llamo mucho la atención. No lo había hecho nunca”, recordó.
Desde ese momento supo que se quedaría en el país y cuando regresó a España le comunicó a su obispo que se trasladaría a la República Dominicana.
Cuando llegó formalmente al país comenzó a trabajar en un Seminario de Las Cañitas y Villas Agrícolas.
Desde entonces ha estado enrolado en labores sociales, enfocadas principalmente a darles comida a los pobres y desposeídos, construir casas y ayudar a los consumidores de drogas a rehabilitarse.
Por eso en 2003, el Cardenal lo nombró vicario Pastoral Social de la arquidiócesis de Santo Domingo. 

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